Somos lo que pensamos

Una senda hacia la inteligencia de unidad02Un nuevo día. Simplemente nos levantamos a diario y salimos resueltos al mundo. Para ello fuimos hijos en un hogar, y nos formamos en alguna institución escolar hasta donde nos dio el gusto, y aquí estamos hoy, tratando de comandar el barco de la vida. Construimos una persona con la que convivimos 24 horas al día, 365 días al año, sin escapatoria.
En la trayectoriahacia quienes somos, pasaron cadenas infinitas de situaciones, desarrollando el molde que nos configuró. Hemos pensado. Hemos decidido. Hemos elegido. Hemos actuado.
Y mirando hacia adelante, avanzamos.
Estoy reflexionando sobre esto porque resulta difícil comprender en que momento de este desarrollo nos confundimos,en que momento o por qué no hemos podido percibir la importancia de estar juntos.
Es claro que nuestro crecimiento como personas individuales es importante, pero no puede alejarse ni por un instante de la totalidad que integra: la familia, el trabajo, la vecindad, la universidad en la que estudia, la humanidad entera. Ese crecimiento, ese modo de pensar en el que no pensamos, nos está conduciendo.
Al mirar alrededor nos sorprende ver que el mundo del que somos parte, parece no satisfacer en completitud nuestra existencia. Saltamos de deseo en deseo, de objetivo en objetivo, con una fuerte necesidad de conformidad que no se conforma nunca.
Lo cierto es que no vivimos como pensamos. Pensamos y decimos, pero actuamos diferente. Y para colmo de males cuesta, porque no todos pensamos igual. Congeniar con quienes tenemos cerca en primer lugar, es todo un desafío.
Pero vayamos por partes. Cuestionemos a esa persona interna que nos lleva.¿Nos preguntamos de cuando en cuando qué pensamos? ¿Relacionamos estos pensamientos con nuestros actos? ¿Cómo los hacemos convivir? ¿Cómo los conectamos con otros que no son nuestros? ¿Cómo manifestamos la discrepancia entre ellos?
Ser lo que pensamos es todo un reto, es empezar a coordinar nuestro patrón con losde otros seres, es interactuar y reestructurarlo con una única meta fundamental: sentir la unidad de la que somos parte, y que nos genera un conflicto por nuestra tendencia a la individualidad.
Vivir como pensamos, sentir como pensamos. Actuar como pensamos. Si logramos unir estas dos partes dentro de nosotros, podremos manifestar cambios muy positivos. De lo contrario, nos seguiremos quebrando, y los actos seguirán siendo repeticiones caprichosas de los pedazos.
Nunca tuvo el hombre otro desafío. Encontrarse a sí mismo, redescubrirse en un ser nuevo, donde las cáscaras de los actos desconectados se desprendan, dando lugar a la manifestación de los pensamientos guardados por la comodidad en que prefirió estar. Ser realmente una mejor persona en medio de una persona más completa: la humanidad entera como un solo ser.
¿Hay poder más grande que la fuerza de la unidad? No. Aun actuando como individuos, la manifestación de esta individualidades tangible. Un acto colectivo de seres que desean hacer “la suya”.
Comencemos entonces a trabajar la coordinación de nuestros pensamientos con nuestros actos. Hagamos este trabajo en pequeños grupos, coordinando etapas, que de a poco vayan incorporando más y más personas. En un breve tiempo podremos ver que se desarrolla una especie de contagio llamado garantía, que dará sostén y permanencia a un nuevo estado de existencia, un nuevo nivel de vida.
Las grandes metas se logran con grandes esfuerzos, y ésta no escapa de ello. Desandar tantos milenios de equivocaciones colectivas puede parecer una utopía, pero el impulso que nos ha traído hasta el desafío, es tan grande como la rapidez con la que lo podemos lograr.

 

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