“El pez gordo se come al chico”

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La educación actual escolar, técnica y universitaria, está basada en la educación “por competencias”, es decir orientada a adquirir las habilidades para ser competente en el nivel en el cual se estudie. Este modelo, que está orientado por las circunstancias sociales y económicas de los países, demuestra lo que socialmente aceptamos como apropiado: se surge en la sociedad –laboralmente y en todos los campos- en la medida que se esté más capacitado o competente para competir con los otros estudiantes o profesionales.
Mas allá de considerar este modelo como correcto o no, lo que nos hace reflexionar es el uso de la palabra “competencias” refiriéndose a “habilidades”. la primera nos orienta hacia ser competente y por lo tanto competitivo, mientras que la segunda nos identifica como aportantes de cualidades personales , adquiridas o innatas, a nuestro grupo social, reconociendo el aporte que podemos darle y no en la capacidad de “llegar a ser más competentes” que otros. Las habilidades científicas y las artesanales se pondrían a la misma altura, pues ambas son necesarias e importantes.

educacion1Así, el trabajo y las relaciones sociales y comerciales no estarían basadas en que el que haya tenido más educación para competir, o tenga mejores contactos, o posibilidades económicas.
Se han preguntado ¿Qué haría un empresario, o un médico o un político, solo por poner algunos ejemplos, sin la papa o la zanahoria cultivadas por nuestros campesinos, o por la carne cortada de manera apropiada por los carniceros, o la comida preparada por los chefs o cocineros? ¿Y los educadores? ¿Y los que confeccionan? ¿Y los zapateros? ¿Los mecánicos? ¿Y los que recogen la basura en las calles de pueblos y ciudades?

Hemos caído en la ilusión de considerar que lo que hemos logrado como especie y como sociedades, poco o mucho, nos permite vivir sin los demás. No hemos caído en cuenta que aún los necesitamos, tanto como ellos a nosotros, en una unidad que debería ser correcta, amable, reconocida por todos, como la base real de la relaciones humanas. Entre más rápido comprendamos eso, tendremos mejores relaciones entre todos. Más respetuosas, más amables, reconociendo al otro en mí y reconociéndome a mí en la humanidad.

Recordemos que el arroz no crece en los anaqueles de los supermercados. Ellos, los supermercados, nos necesitan para comprarles su oferta de productos y mantener sus utilidades como parte del proceso económico. Nosotros los necesitamos porque nos dan la comodidad de encontrar muchas cosas en un solo lugar y no tener que ir a buscar los productos que requerimos a las fuentes mismas, ya sea el campo, el mar o a las minas de sal o carbón.

Nos necesitamos unos a otros. O si no, imaginemos que nos pasaría a todos si los campesinos que aún quedan dejaran de cultivar desde hoy.

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